martes, 3 de julio de 2012

El invierno me puede o "Soy una chanta"

          Tuve que aparecerme a absurdas horas de la noche en la pieza de la Mery, luego de trepar y gimotear tétricamente por su ventana:
¡Déjame entrar, déjame entrar!,
espectral y de ramas-huesos crujientes, como una Cathy Earnshaw cualquiera. Así que perdón, hermana, por ese susto de muerte. Es que qué onda el frío. Yo tenía sueño desde muy temprano, pero mi perverso pie derecho yacía inerte como el hielo eterno; incluso humeante: la puta escarcha de pata que me gasto. Onda, el resto de mi árbol-cuerpo templado, calientito; pero el maldito raíz-derecho tenía que estarse gélido, ni que fuera el golem buena persona de la tierra de Ooo o la nipona mujer de nieve. Y así no se puede dormir, vecina. Algo anda mal conmigo... a lo mejor es culpa de mi bloodah.   

          Y a qué viene todo este lloriqueo. Resulta que los países nórdicos y un par de canciones predilectas, mis anhelos estéticos, mis apócrifos recuerdos fríos, el final de esa película tangerina que todos citan; mis sueños azules y mis mejores gallinazos. El viejito pascuero, los raptos mágicos hacia mundos montañescos, la nívea travesía más-allá-del-ropero, hacer clases en una escuelita sureña de algún territorio indómito por definir: pasa que mis idilios todos incluyen ambientes glaciales. Y claro, si fuera buena pal trago, los hielitos también serían parte del panorama.

Lovely winter, awww. Imagen invernal estandarizada de Google.
          Pero, por sobre todo, la constante del último tercio de mi vida ha sido la música del norte. Empezó con Mew y Sigur gracias al periplo Marcelo. Luego, el ansia de musiquillas parecidas y una serie de choques azarosos además de algunos arrebatos seminvestigativos (you know, playing Scooby-Doo) me condujeron al descubrimiento de muchos otros conceptos fascinantes y sonidos idóneos para la incipiente nueva vida que se estaba generando. Y al final de añadir esos mundos gigantes a mi pequeño universo... al ver la pintura completa, caché que estaban todos emparentados. Que esta loca que canta con Röyksopp es la misma que canta pass this on, y la misma que ahora mezcla lo electrónico con atrapantes elementos étnicos. Que este otro loco erlend que también canta con Röyksopp es el ídem del dúo armonioso noruego que evoca a Simon & Garfunkel; que Kashmir y Under Byen eran compatriotas de los frengers, y que Carpark North también. Que claro, toda esa música electrónica movida elegante que extrañamente comenzó a fascinarme (a mí, la tiesa gruñona apagada y sin ritmo) venía de Suecia. Que los planos sutiles del héroe danés no eran del todo distantes a los de la ventiúnica película sueca que he visto, y que me ha impresionado como pocas imágenes en la vida. Que los retratos borrascosos sugerentes y los riscos sublimes invocados por Björk eran los mismos de Sigur, y que la Emilíana Torrini con los Múm y las Amiina estaban delimitados por los mismos contornos... Los ejemplos siguen. Pero la cosa es que todo parece encerrarse en un mismo círculo polar, y es quizás por esta razón que la región escandinava del globo se ha vuelto uno de mis destinos subjuntivos favoritos. Si hasta me imaginaba habitando esos espacios, ¡así de irresponsablemente!, a base de puras conjeturas y generalizaciones, de orientalismos exóticos: por la casualidad no tan casual de lo musical. ¡Pero qué va! Así son mis instintos y tincás lumínicas obstinadas basadas en el puro desconocimiento (ejem, de la misma naturaleza que esa decisión testaruda que me llevó a estudiar Letras). Así que déjenme. 

          El problema viene cuando me pienso a mí misma en esos parajes invernales y contextos musicales de ensueño y entonces recuerdo que
                                      me muero
                                  yo 
                                  precisamente
                                    en esos lugares
                                     porque genética o noséquémente no soy apta para esos fríos
                                 y se destrozan mis sueños frágiles como hielo delgado
                          el sueño de la casa propia
                     en Islandia
                la parejita polar envidiable tipo Avey Tare y Kría Brekkan en un campo nevado
            y no podría ser parte de la elegante escena musical sueca
         ni ofrecer conciertos acústicos al aire libre
       ni pasear al perro de Bo Madsen
       ni destruir anillos en los volcanes de la Björk
        ni volar hacia el país del sol
         ni grabar un disco en una cabaña nevada
           con sonidos de cabaña
             a lo Bon Iver
                Y puuu.

          Buen invierno my ass. ¿Por qué eres tan hostil, friíto querido? WHY. Por qué tenía que soñar con algo tan imposible. Por todo esto es que soy una chanta. Porque me juro vikinga y en el fondo no podría hacer cosas rudas en la nieve; y porque de puro escuchar la palabra frío o el archi-repetido lema de los Stark Winter is coming, giles se desprende mi pie derecho del resto del cuerpo. Y la cruda verdad es que el winter has come y que soy bien patética. Y estaba pensando que... que si en este momento salgo a la calle y me pongo a caminar, la gente me confundiría con un White Walker*. Con eso, o con vampiro pueril de película sueca. 

A continuación, algo que NO disfrutarán mis hijos



y un mochileo que yo NO podría hacer



Jijiji, le pongo color.

... A todo esto, ¿ven que no soy la única que sueña con Islandia? Hasta Ernest Greene y Justin Vernon. Los gringous.
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WW. Walter White, Walt Whitman. WW

3 comentarios:

  1. Yo estoy en ese tipo de mochileo (no, no se le acerca en verdad nada). Me vine pensando en aventuras de verano y me ha tocado lluvia y frio, comprar pantalones y calcetines y hasta pantis, me regalaron un paraguas en la calle. La clave amiga es estar bien abrigadito, ponerse los calcetines (de polar) justo despues de ducharse calientito, y tambien paralelamente acostumbrar el cuerpo al frio. Te hablo desde los mocos y el papel confort que ahora me acompanan despues de un matrimonio loco y frio, pasear por un bosque breton humedo y helado. Pero filo te vay a acostumbrar, vay a encontrar la manera y obvio que te teni que puro irte que sea un tiempo. O quizas tambien que se yo, quedarte y sonar con le todo porque asi no se te va a caer nada, por ejemplo, si la gente resulta no ser muy buena onda, o si te deprime la falta de sol. Eso po, es mi mensaje de sonadora con el mundo celta medieval, cuando chica siempre pense que cuando grande me haria un viaje del heroe recorriendo castillos, y aqui estamos, un poco, pero esaue los castillos estan deshabitados, el viaje no es un viaje al pasado, sino al presente mismo, los ex-caballeros ahora escuchan musica de discotheque del infierno y se emborrachan caleta. Pero hay de todo tambien, los viajes son descubrimientos de uno mismo, te acompano feliz al mundo gelido, siempre que vayamos bien abrigadas, si hacemos couchsurfing seguro nos reciben en casas calientitas y nos dan bebiditas calientes y hasta nos tocan musica.

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  2. Nacha, qué atroh. Somos dos las intolerantes al frío. Cachai que leyéndote me acordé de la época en la cual nos salían sabañones en las manos, jajajajajaja. Era segundo medio, ¿no? Hace poco intentaron volver a mi vida, pero me apliqué en combatir el cambio de temperatura en mis manos (entrar y salir de un lugar calentito, estar acostá y tapá hasta la cabeza, ponerte a escribir sin estufa, etc). A todo esto, yo no deliro con los países nórdicos ni nada por el estilo. Cuando mucho, escucho a algunos representantes melomanosos de esas tierras. No obstante, cuando estuve haciendo mi primera práctica, me decían "la metalera nórdica". Jajajajajajaa
    Ya, eso.
    Gallinazos para ti <3

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