miércoles, 22 de abril de 2015

Qué atroz

Y como si no tuviera ningún antecedente de muerte por estrés -he muerto más veces que Frodo-, el año pasado me involucré seriamente en un proyecto poco serio (spoiler: revista), justo cuando me encontraba bajo el yugo de la Evaluación Docente. Paralelamente, me metí al taller crítico-fliméfilo fabuloso de mi ídolo máximo de la vida: don Hermes the wise, a quien nunca pensé que llegaría a conocer y con el que terminé, sin embargo, hasta carreteando y echando la talla. El punto, que siempre se me pierde, es que solo debí someterme al Portafolio y seguir con mi vida rigurosa. Pero justo la vida me tentó con estas fantasías prohibidas. Y le dimos. Y madrugué mucho. Y tuve pesadillas satánicas. Y mezclé el taller de cine con el portafolio. Y los guarenes con los titanes. Y no podía creer que, tan necesitada de sueño como lo estaba, me amanecía igual diagramando páginas de revista, viendo una película muda para criticarla, escribiendo críticas para la revista, pelando el cable con la revista, riéndome de lo estúpida que puedo llegar a ser cuando hago una revista. 

Un día en que ya nada importaba demasiado salió "Monos shinos" (debí proponer: 'chiros'), la primera y única publicación de narrativa gráfica en la que pude participar antes de virarme del LOCZ. El único legado del que me siento orgullosa.

A continuación, adjunto el cómic que nació de una pesadilla, un hecho verídico mezclado con histeria colectiva y unas ganas enormes de que el lápiz grafirou y yo retomáramos nuestro amor furtivo. 

Cuando hago cosas como esta, me entro en gracia a mí misma. ¡Oye, misma! Pucha que me caís bien a veces. ¿Somoamegga o nosomoamegga? En fin. Aquí va la tontera:


(era interactiva la cosa, qué te creís)



(Cuec)